lunes, 2 de junio de 2014

Bajas calorías

   Llega al bar un grupo de mujeres. Parecen no verse hace mucho. Se saludan, se abrazan, se sientan en una mesa, no entran, piden otra, la agregan, gritan, mueven sillas, cambian sillas, se sientan, se cambian de lugar, siguen gritando, piden café. Ah, y dos medialunas más. 
   Las mujeres hablan de calorías. Todas saben que el postrecito Ser tiene setenta calorías y que es muy práctico congelarlo. Pero a una de ellas no le gusta. Entonces le recomiendan que pruebe con una Tita, que es chiquita pero sustanciosa (hablaba de la Tita, ¿no?). Todas vestidas muy prolijas: Camisa cuadrillé, colita, pañuelo, chupin, boquitas pintadas. 
   Y qué locura, esos tiempos en los que estaba embarazada y me fui a Miami; o estos tiempos en los que el nene llora y la hermanita está celosa, y hay que llevarlo al cole, y arreglar con las otras madres quejosas el tema de los disfraces de la obrita, que encima dicen que les quedan chicos, ¿por qué no se encargan ellas del disfraz? Son terribles, no les gusta nada, al mío no se qué darle de comer, no le gusta la carne, no le gusta el puré...Al final, solo cada tanto tengo un tiempito libre para un yogur Ser, una barrita Ser, un alfajor Ser, una lasagna Ser, un choripán Ser...
   Wow, se nota que tienen ganas de Ser. 





*Sin ofender. 
*Bueno, si ofendí, perdón. 
*Es un poco de miedo a crecer nomás.