“Maria Jesus, levántate mamita, que ya viene.” María Jesus
se levanta, se acomoda la tanga roja de encaje, se pone unas calzas porque hace
frío. Busca entre las perchas tautológicas un hábito para ese día, lo encuentra, se
lo pone. Cuelga la tela que sirve para cubrir el pelo sobre su codo del brazo derecho y cruje la madera cuando se dirige hacia el espejo. Apoya la tela sobre su frente, se la acomoda con delicadeza. Con cuidado levanta el rosario que está apoyado sobre la cajonera, y se lo pasa por el cuello. Se mira, guiña un ojo, se tira un beso. Se queda parada. Se dice: “Vamos
vieja, huevo que vos podés, hoy la rompés.” Hace un gesto como si disparara con los dedos índice
y pulgar de ambas manos. Se coloca unos anteojos de sol y sale para la puerta con la llave del
sótano, mientras canta una canción de Damas Gratis.