jueves, 18 de abril de 2013

Subida de ego

   Ahí, entre medio de las costillas se me atravesó un globo. Pero no parece tanto un globo, los globos se convierten en verdaderos globos cuando están inflados y brillan a la luz. Eso es un globo. Esta bolsita de goma roja en cambio se convierte en globo solo a veces.
   Se infla un poquitito y empuja a las costillas que lo aprisionan. Pero éstas no lo dejan escapar del todo. Entonces en una exhalación se deforma poco a poco, y mientras gotas rojas se destiñen de su goma, otras llegan a mis mejillas y ahora yo me siento como esa bolsa de goma inerte, incapaz de reaccionar.
   Un gracias inflaría el globo de helio y mi cuerpo volaría hasta quién sabe dónde. En cambio, si negara lo dicho, cubriría su superficie con una enorme mentira que me enredaría en deducciones lógicas hasta contradecirme.
   No podría decir que es feo, que no quiero que el globo se infle jamás. Pero a medida que vuelve a pasar me pongo tan roja y brillosa de sudor, que en poco tiempo temo ser yo ese globo aprisionado entre mis costillas.

viernes, 12 de abril de 2013

Palabras vacías

    Me dijo que había tenido un día muy agitado, y que estaba lindo el día. Le respondí que también yo estaba muy cansada, que me había levantado temprano y desayunado una torta que me había preparado ayer. Mentira. Todo lo que le dije era mentira. Él siguió hablando del clima y de su día cansador. Yo asentía fingiendo que me importaba. Y él también asentía. 
    Me contó todo lo que había hecho en el colegio, y todas sus comidas del día. Creo que ya lo olvidé. Pero me vi forzada a responderle todas las materias que me habían tocado a mí, las más difíciles, las que más odio, yo estaba más cansada que él. Encima que estoy a dieta, fue un día tremendo.
    Pero al parecer, a él casi lo pisa un camión hoy, aparte que se peleó con su novia y una paloma le cagó encima. Todo eso le había pasado en un día.
    El tema es que yo pisé caca de perro también, y justo después pasó una nube encima mío y me llovió solo a mí. Entonces me resbalé y me golpeé la frente y me sangró. 
"Pero no tenés ningún raspón en la frente..."
Silencio
Silencio
"¿Acaso te importa si lo tengo? ¿O si pisé caca de perro?"
"Y... (su cara se vuelve bordeaux) la verdad que no"
"Bueno, a mi tampoco me importa tu mal día"
"¿Entonces para qué hablamos?"

martes, 2 de abril de 2013

Lluvia y libro

   Las gotas de lluvia caen. Empiezan siendo chiquitas, después se engrandecen y caen cada vez con más velocidad. Mi pelo se oscurece de a partes hasta chorrerar. Mi camisa celeste es invadida por miles de pintitas, que terminan apoderándose de ella. Mojada. Mojada y feliz. 
   Pero de pronto dejo de sentir esos puntos fríos que golpeaban mi cuerpo. Miro a mi alrededor y los veo, pero no me tocan a mí. Giro mi cuello hacia atrás, pero ningún techo me está cubriendo. 
   Las gotas caen más rápido. Tan rápido que no me dejan ver dónde estoy. Son una enorme cortina blanca que nubla mi vista. Pero mi pelo se está secando y los millones de lunares desaparecen. 
   Mis ojos perciben algo que se está formando arriba de mí. Veo como las pequeñas balas trasparentes empiezan a abrazarse entre ellas y en mi cabeza forman un blando techo transparente por el cual puedo ver a través, distorsionadamente, las nubes que ocupan el cielo. La misteriosa pantalla se empieza a estirar, a bajar, a rodearme. Las gotas empujadas por el viento de costado se suman y a mi alrededor se van formando paredes que me rodean. Siento que estoy abriendo los ojos abajo de la pileta. Pero estoy seca, completamente seca. 
   Ahora mi cuerpo se eleva. Miro hacia abajo y los charcos de la vereda como una alfombra mágica de agua me están levantando. Sus extremos se unen con las pantallas a mis costados. De pronto me veo encerrada. Encerrada en una enorme burbuja. A mi alrededor veo las gotas. Primero distorsionadas, después en alta definición. La burbuja se endurece, y al golpearla me doy cuenta que ahora es de vidrio. Las gotas chocan contra ella y  se estiran de formas similares. Tengo calor, adentro de este oasis. Me abro el primer y segundo botón de la camisa para poder respirar mejor. Y recuerdo que tengo mi cartera. 
   Entonces agarro la hebilla del cierre y tiro para abrirlo. Meto mi mano en ese túnel oscuro y palpo: la billetera, el celular, las llaves, el libro. Lo saco, busco con mi dedo el señalador. Miro hacia arriba, y veo las gotas. MIro hacia abajo, y empiezo a leer mi Cortázar que las describe.