Las gotas de lluvia caen. Empiezan siendo chiquitas, después se engrandecen y caen cada vez con más velocidad. Mi pelo se oscurece de a partes hasta chorrerar. Mi camisa celeste es invadida por miles de pintitas, que terminan apoderándose de ella. Mojada. Mojada y feliz.
Pero de pronto dejo de sentir esos puntos fríos que golpeaban mi cuerpo. Miro a mi alrededor y los veo, pero no me tocan a mí. Giro mi cuello hacia atrás, pero ningún techo me está cubriendo.
Las gotas caen más rápido. Tan rápido que no me dejan ver dónde estoy. Son una enorme cortina blanca que nubla mi vista. Pero mi pelo se está secando y los millones de lunares desaparecen.
Mis ojos perciben algo que se está formando arriba de mí. Veo como las pequeñas balas trasparentes empiezan a abrazarse entre ellas y en mi cabeza forman un blando techo transparente por el cual puedo ver a través, distorsionadamente, las nubes que ocupan el cielo. La misteriosa pantalla se empieza a estirar, a bajar, a rodearme. Las gotas empujadas por el viento de costado se suman y a mi alrededor se van formando paredes que me rodean. Siento que estoy abriendo los ojos abajo de la pileta. Pero estoy seca, completamente seca.
Ahora mi cuerpo se eleva. Miro hacia abajo y los charcos de la vereda como una alfombra mágica de agua me están levantando. Sus extremos se unen con las pantallas a mis costados. De pronto me veo encerrada. Encerrada en una enorme burbuja. A mi alrededor veo las gotas. Primero distorsionadas, después en alta definición. La burbuja se endurece, y al golpearla me doy cuenta que ahora es de vidrio. Las gotas chocan contra ella y se estiran de formas similares. Tengo calor, adentro de este oasis. Me abro el primer y segundo botón de la camisa para poder respirar mejor. Y recuerdo que tengo mi cartera.
Entonces agarro la hebilla del cierre y tiro para abrirlo. Meto mi mano en ese túnel oscuro y palpo: la billetera, el celular, las llaves, el libro. Lo saco, busco con mi dedo el señalador. Miro hacia arriba, y veo las gotas. MIro hacia abajo, y empiezo a leer mi Cortázar que las describe.