Ahí, entre medio de las costillas se me atravesó un globo. Pero no parece tanto un globo, los globos se convierten en verdaderos globos cuando están inflados y brillan a la luz. Eso es un globo. Esta bolsita de goma roja en cambio se convierte en globo solo a veces.
Se infla un poquitito y empuja a las costillas que lo aprisionan. Pero éstas no lo dejan escapar del todo. Entonces en una exhalación se deforma poco a poco, y mientras gotas rojas se destiñen de su goma, otras llegan a mis mejillas y ahora yo me siento como esa bolsa de goma inerte, incapaz de reaccionar.
Un gracias inflaría el globo de helio y mi cuerpo volaría hasta quién sabe dónde. En cambio, si negara lo dicho, cubriría su superficie con una enorme mentira que me enredaría en deducciones lógicas hasta contradecirme.
No podría decir que es feo, que no quiero que el globo se infle jamás. Pero a medida que vuelve a pasar me pongo tan roja y brillosa de sudor, que en poco tiempo temo ser yo ese globo aprisionado entre mis costillas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario