Se portó mal. Lo sentaron en un rincón, y lo castigaron. Le sacaron la tele, la compu, los lápices de colores brillantes, los dibujos de Ben 10... los sonidos se fueron difuminando a medida que se agregaban viñetas a la lista de objetos censurados. Lo encerraron en un cuarto vacío.
Miró el techo blanco, las paredes crema, el piso de madera... los autitos de colores, sus lapices brillantes, Ben 10 mismo que bajaba del techo en una soga y le daba la mano. De cada uno de sus dedos mágicos salía un color distinto con el que empezó a pintar las paredes hasta formar el mural más bello y colorido del planeta. Y con unos pequeños ventiladores incrustados en sus talones voló hasta al cielo raso para pintarlo de rosa, naranja y celeste, y llenarlo de nubes blancas de distintos tamaños. Luego, a la cuenta de tres, todo empezó a moverse: cada trazo, cada nube. Se vio rodeado de una película proyectada en 5 planos.
Hay cosas que nunca se pueden sacar.
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