El disco lo encontré entre cajas de cedes viejos y mucho, mucho polvo gris. La gráfica era simple: estaba dividido en siete partes formadas por seis líneas que iban desde el contorno hasta el agujero central. Cada parte era de un color distinto del arco iris. Pensé: o era de Adriana, o de algún psicodélico hippie; así que para sacarme la duda lo pongo en el estéreo .
Será por que ya me aprisionó este mundo de imágenes veloces que decidí no prestarle atención al sonido que salía de ahí. Miré solamente el movimiento del disco que gira sobre su propio eje empujado por un envión que no se de donde viene ni cuándo frena. Los colores corren una carrera sin meta, se deslizan por una pista enjabonada que no roza, esquían en manteca derretida. Como pensamientos corren y no paran. El rojo al naranja, el naranja al amarillo, uno persigue la cola del otro, buscando alcanzarlo pero nunca dejando de deslizarse, siguiendo un ritmo fuera de mi control, atravesando mares, llanuras y montañas, pero nunca teniendo intención de frenar, de chocarse con un paredón, de... Uy! Blanco.
* Sí, tiene que ver con éste de pelo gracioso.
Sí, es Isaac Newton. (La física es un lindo cuentito a veces)
* Sí, tiene que ver con éste de pelo gracioso.
Sí, es Isaac Newton. (La física es un lindo cuentito a veces)

No hay comentarios:
Publicar un comentario