Se anuncia un tiempo inestable. Sí, señora, usted que está acostumbrada al conocidísimo "clima normal y estable", hoy, debido a cambios en la presión y la humedad, probablemente verá que las nubes vuelan más rápido. Es posible que note que cada tanto interceptan el sol provocando las famosas "sombras arrepentidas", y que si chocan entre ellas caerán esas gotas finitas que se confunden con el chivo de sus axilas. En cuanto a la temperatura, la amplitud térmica será alta, comenzando la mañana con unos 3 grados, y llegando a una máxima de 19 a eso de las tres de la tarde.
Así que protéjase bien, señora, que esto probablemente afecte su constitución como ser humano. Un cambio como éste no permite que usted sea estable, ¿comprende, señora? La estabilidad pasa por otro lado, pasa por la monotonidad, por la previsibilidad. El mañana ya debe estar dibujado, los días ser un disco rayado (o un loop, si la metáfora le parece desactualizada), las mesas deben sostenerse, la cena debe estar lista a las 22:00, todo debe estar en ese existente equilibrio que hace la estabilidad.
Porque para que algo pueda estar, que sea estable, debe haber estabilidad; usted entiende, señora. Si un día falta al trabajo, o si de pronto se levanta siendo un insecto, o si comiendo un pancho observa en cámara lenta el momento en el que una gota de mostaza hace caída libre hasta posarse sobre su camisa blanca, ¿qué se hace señora? ¿qué hace usted con esa maldita gota de mostaza?
Eso no es estabilidad. La estabilidad es otra cosa. Es la simetría, es la organización, es el mundo clasificado en un enorme archivo de Excel. Pero, ojo, si alguna situación no encaja entre sus celdas, eso no puede estar. Tenga mucho cuidado señora, protéjase, que eso es inestable.
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