lunes, 31 de diciembre de 2012

Archivando

       El humano no deja de clasificar. Clasifica olores, clasifica sonidos, clasifica seres vivos, clasifica animales. Grandes, chicos, medianos, lindos, feos, mamíferos, graves, dulces, salados, agudos, eucariotas, procariotas. Pastas, verduras, fríos, calientes, abrigadas, livianitos. 
       Todo lo clasificamos y lo vamos dividiendo en partes, que se dividen en otras partes y así hasta llegar a esa mínimisima parte que creemos que ya no podemos dividir, pero con un bisturí y un microscopio hacemos lo necesario para dividirla de nuevo.
     Y dividiendo y enciclopedizando (¿existe ese verboide?), un día se nos ocurrió clasificar al tiempo. Milenios, siglos, días, horas, años. Le pusimos límite a algo sumamente abstracto.
      Cada tanto necesitamos que nos den una piña barroca, que nos recuerde que nos vamos a morir y que tenemos que disfrutar. Quizás, festejar que un año termina, aparte de hacer que mucha gente gaste plata y que otros ganen mucho, puede ser esa piña que necesitamos. 
        Limitarnos el tiempo, crear una ilusión de final, tener "fecha límite", hace que eso que tengamos que hacer, lo hagamos con más intensidad. La tarea difícil, es lograr disfrutarlo como si fuera el útlimo. 


*Me insipiré en este texto (http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/borges3.htm) y en lo poquitísimo que se de Nietzsche. 

viernes, 21 de diciembre de 2012

Infancia arruinada

     Estaban vivos. Todos seguían las órdenes del vaquero, que fumaba un habano y le gritaba al astronauta para que le traiga un sándwich. Los soldados estaban en el vestidor de Barbie maquillándose y probándose vestidos y la ovejera junto con la de sombrero rojizo, tomaban whisky arriba de la cama mientras los tres marcianitos verdes fumaban narguila en el marco de la ventana.






*Textos que encuentro en mi carpeta de lengua de 9veno

jueves, 20 de diciembre de 2012

Análisis profundo


   En el corazón de cada niño argentino, ya no está la imagen de sus padres, o de un pequeño autito de juguete. Solo una imagen invade la mente y el alma de cada uno de ellos, y su forma no se acerca tanto a la del famoso anfibio que uno ve en su pileta si no la lava por mucho tiempo, sino a la de un personaje muy simpático que usa remera roja llamado por Adriana, o por la persona a la que le cometió plagio, “El sapo pepe”.
   Y mientras la sociedad vive agitada, corriendo con sus maletines por la ciudad, los pequeños niños emiten gritos de éxtasis desde sus pequeñitas gargantas, con solo empezar a nombrar una sola palabra: Pepe.
   Es así como sus padres acuden a mirarlos con asombro y felicidad, evocando esa escondida cara de orgullo, de la cual cae un hilo de baba, mientras los nenes sienten el placer de escuchar el tan famoso nombre.
   Pero,  ¿Qué es lo que los niños encuentran en Pepe que los excita tanto? Muy simple. Las ideas revolucionarias siempre fueron atractivas e interesantes. La revolución industrial, la revolución francesa, la revolución rusa, son algunos hechos históricos que han determinado la historia del mundo, ¿por qué? Porque plantearon ideas que iban fuera de lo que la mayoría pensaba.
   Y es de esta manera que Pepe se manifiesta en la famosa melodía. En la eufórica canción, Pepe decide no escuchar a lo que la cantante (con voz entusiasta y alegre, por cierto) le dice todo el tiempo en modo imperativo: que vaya, que pare y hasta “que tome”, frase que podría ser interpretada como una amenaza por parte de Adriana, donde diciendo “Pepe, TOMÁ!”, quiera expresar algún tipo de deseo de ejercer agresión física contra el pobre sapo. En cambio, él se niega y se rehúsa a obedecerla. Él no va, él no para, él no “toma”. Pepe es un revolucionario, que quiere ir en contra del estado que le restringe su libertad, que le niega el poder saltar donde quiera.
   Las ideas radicales de Pepe, hacen que probablemente lo podamos asociar entonces con una reivindicación del anarquismo, ya que no quiere obedecer a la orden de Adriana, que podría representar al Estado que lo obliga a respetar las leyes y que, aunque lo quiera ocultar con esa tonada simpática y feliz de madre alegre o de azafata que le pregunta a un pasajero si quiere que le sirva té, ella está totalmente sacada, y enojada con el maldito sapo que, citando explícitamente una parte de la canción “no me hace caso siempre salta así”.
   ¿Qué nos estará ocultando Pepe? Nunca lo sabremos. Lo único que sí podemos saber, es que con esta canción que tanto nos azota, Adriana canta en el Gran Rex, una persona se disfraza de sapo, y miles de niños sienten que el mundo les acaba de dar un giro. Maria Elena Walsh, se revuelca en su tumba.

Proximamente análisis históricos y sexuales sobre esta obra maestra.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Recordatorio


Pendejo: Término que se suele usar para denominar a gente de menor edad de la persona que está utilizando la palabra, o de llamar de forma despectiva a un niño.
     Cuando a una persona adulta se le dice el término "pendejo", se lo asocia con que es un niño, y muchas veces esto hace que la persona se sienta ofendida. ¿Pero por qué ofenderse, si lo están llamando niño? Ser niño es mágico, es tener todavía excesos de creatividad antes de que las instituciones sociales se la roben, es poder jugar, es hacer cosas sin importar la opinión del resto, bailar, cantar, llorar sin miedo.
     Así que la próxima vez que vea que alguien comete un acto idiota, pelotudo o "inmaduro", no le diga que es un pendejo, porque de esa forma estaría diciendo que ser niño, es ser idiota. Recurra a calificarlo con palabras como "pelotudo", "bobo", "tontito" u otros insultos a piacere.
Cordialmente,
La administración. 

martes, 18 de diciembre de 2012

Grietas...

     Vi el armario y esa remera. La usaba tanto hace un tiempo. Era mi favorita. ¿Quién dice? Por ahí, había una mínima chance de que me entre. No cuesta nada probar. Un brazo, el otro, no, este es el cuello, esperen que si meto el codo por acá y saco el brazo por este otro lado la puta madre no puedCRACK.
     Se abren grietas. Te sorprenden. Te das vuelta, y te clavan el cuchillo por la espalda.  Se separan dos lados en grito de desesperación. Un grito que chilla harto de la presión, y al ser tan fuerte genera este tajo.
     Pero todo lo que sorprende es una oportunidad. Metámosnos en nuestras grietas y probablemente podamos extraer de ellas múltiples colores, múltiples ideas.