Vi el armario y esa remera. La usaba tanto hace un tiempo. Era mi favorita. ¿Quién dice? Por ahí, había una mínima chance de que me entre. No cuesta nada probar. Un brazo, el otro, no, este es el cuello, esperen que si meto el codo por acá y saco el brazo por este otro lado la puta madre no puedCRACK.
Se abren grietas. Te sorprenden. Te das vuelta, y te clavan el cuchillo por la espalda. Se separan dos lados en grito de desesperación. Un grito que chilla harto de la presión, y al ser tan fuerte genera este tajo.
Pero todo lo que sorprende es una oportunidad. Metámosnos en nuestras grietas y probablemente podamos extraer de ellas múltiples colores, múltiples ideas.
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