jueves, 20 de diciembre de 2012

Análisis profundo


   En el corazón de cada niño argentino, ya no está la imagen de sus padres, o de un pequeño autito de juguete. Solo una imagen invade la mente y el alma de cada uno de ellos, y su forma no se acerca tanto a la del famoso anfibio que uno ve en su pileta si no la lava por mucho tiempo, sino a la de un personaje muy simpático que usa remera roja llamado por Adriana, o por la persona a la que le cometió plagio, “El sapo pepe”.
   Y mientras la sociedad vive agitada, corriendo con sus maletines por la ciudad, los pequeños niños emiten gritos de éxtasis desde sus pequeñitas gargantas, con solo empezar a nombrar una sola palabra: Pepe.
   Es así como sus padres acuden a mirarlos con asombro y felicidad, evocando esa escondida cara de orgullo, de la cual cae un hilo de baba, mientras los nenes sienten el placer de escuchar el tan famoso nombre.
   Pero,  ¿Qué es lo que los niños encuentran en Pepe que los excita tanto? Muy simple. Las ideas revolucionarias siempre fueron atractivas e interesantes. La revolución industrial, la revolución francesa, la revolución rusa, son algunos hechos históricos que han determinado la historia del mundo, ¿por qué? Porque plantearon ideas que iban fuera de lo que la mayoría pensaba.
   Y es de esta manera que Pepe se manifiesta en la famosa melodía. En la eufórica canción, Pepe decide no escuchar a lo que la cantante (con voz entusiasta y alegre, por cierto) le dice todo el tiempo en modo imperativo: que vaya, que pare y hasta “que tome”, frase que podría ser interpretada como una amenaza por parte de Adriana, donde diciendo “Pepe, TOMÁ!”, quiera expresar algún tipo de deseo de ejercer agresión física contra el pobre sapo. En cambio, él se niega y se rehúsa a obedecerla. Él no va, él no para, él no “toma”. Pepe es un revolucionario, que quiere ir en contra del estado que le restringe su libertad, que le niega el poder saltar donde quiera.
   Las ideas radicales de Pepe, hacen que probablemente lo podamos asociar entonces con una reivindicación del anarquismo, ya que no quiere obedecer a la orden de Adriana, que podría representar al Estado que lo obliga a respetar las leyes y que, aunque lo quiera ocultar con esa tonada simpática y feliz de madre alegre o de azafata que le pregunta a un pasajero si quiere que le sirva té, ella está totalmente sacada, y enojada con el maldito sapo que, citando explícitamente una parte de la canción “no me hace caso siempre salta así”.
   ¿Qué nos estará ocultando Pepe? Nunca lo sabremos. Lo único que sí podemos saber, es que con esta canción que tanto nos azota, Adriana canta en el Gran Rex, una persona se disfraza de sapo, y miles de niños sienten que el mundo les acaba de dar un giro. Maria Elena Walsh, se revuelca en su tumba.

Proximamente análisis históricos y sexuales sobre esta obra maestra.

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