viernes, 5 de septiembre de 2014

Sube

Esta narración está basada en hechos reales. 

Amarillo, rojo, la velocidad bajando, el pequeño empuje de la inercia, y el colectivo queda vibrando en un mismo lugar, esperando a nuevas directivas. 
Jose, Carlos, Juan o Guillermo (nunca sabemos los nombres de los choferes, ¿no?) del 152 apoya el codo en la ventana y mira a Mauricio o Gustavo del 68. Sonríe.
¡¿Qué hacés querido?! ¿Todo en orden? 
(Estira el codo, y le da la mano a Ernesto del 68. La sonrisa se convierte en carcajada) (Carcajada del estilo Papa Noel pero cambiese la O por la A) 
Ja ja ja ja ja ja, ¡sí! ¡te doy un caramelito porque sos mi amigo! 
¿Al Charly lo viste che? ¿Está laburando?
¿Ni idea?        ¡¿Te enteraste lo que le pegaron atrás?!                 (Nota que Saturnino del 68 no lo escuchó. Baja la voz, y repite un poco más timidamente:)
Te... te enteraste lo que le pegaron a...?        ¿¡Qué!?      ¡Sí! ¡¿Viste?! (carcajada, la misma de antes, ya saben el procedimiento) ¡Qué tipo sinvergüenza! (más carcajadas, ahora imagíneselas con una cerveza en la mano del conductor) Qué sinvergüenza... 


Y así, una de las tantas conversaciones entre colectiveros de las cuales nunca sabremos sus hipertextos. 
Fin

lunes, 2 de junio de 2014

Bajas calorías

   Llega al bar un grupo de mujeres. Parecen no verse hace mucho. Se saludan, se abrazan, se sientan en una mesa, no entran, piden otra, la agregan, gritan, mueven sillas, cambian sillas, se sientan, se cambian de lugar, siguen gritando, piden café. Ah, y dos medialunas más. 
   Las mujeres hablan de calorías. Todas saben que el postrecito Ser tiene setenta calorías y que es muy práctico congelarlo. Pero a una de ellas no le gusta. Entonces le recomiendan que pruebe con una Tita, que es chiquita pero sustanciosa (hablaba de la Tita, ¿no?). Todas vestidas muy prolijas: Camisa cuadrillé, colita, pañuelo, chupin, boquitas pintadas. 
   Y qué locura, esos tiempos en los que estaba embarazada y me fui a Miami; o estos tiempos en los que el nene llora y la hermanita está celosa, y hay que llevarlo al cole, y arreglar con las otras madres quejosas el tema de los disfraces de la obrita, que encima dicen que les quedan chicos, ¿por qué no se encargan ellas del disfraz? Son terribles, no les gusta nada, al mío no se qué darle de comer, no le gusta la carne, no le gusta el puré...Al final, solo cada tanto tengo un tiempito libre para un yogur Ser, una barrita Ser, un alfajor Ser, una lasagna Ser, un choripán Ser...
   Wow, se nota que tienen ganas de Ser. 





*Sin ofender. 
*Bueno, si ofendí, perdón. 
*Es un poco de miedo a crecer nomás. 

sábado, 3 de mayo de 2014

Los malos

   Cuando era chiquita un día me asusté porque le tenía miedo a la noche. Y me puse a llorar.
   Recién habíamos vuelto de la casa de algunos amigos de mis papás, y en el viaje de vuelta me había puesto a mirar por la ventana. La noche tenía arbustos y árboles oscuros que podían ocultar a ladrones con pasamontañas negros o medias can-can en la cabeza que quisieran entrar en el auto y agarrarnos a mi familia y a mí y taparnos la boca con  una cinta negra y atarnos las manos con sogas y robarnos todo. La noche estaba llenísima de malos, porque los malos necesitan esconderse en la oscuridad así no los encuentra la policía (que siempre los persigue, lógico, porque son malos). Pero en cualquier momento podían aparecer, venir a mi casa, romper la puerta principal, caminar por el pasillo y ¡plaf!, entrar en mi cuarto. O poner una bomba en el auto, o dispararle con sus pistolas a algún conocido (las pistolas de los malos, no la de los policías, porque esos no son malos).
  Me angustiaba. Podía pasar en pocos segundos, podían salir de lugares inesperados sin que me diera cuenta y tocarme dos veces el hombro con su dedo índice. 
   Entonces vino mi papá, me dio un abrazo, me preguntó por qué lloraba y le conté. Hace un ratito, me vinieron a la cabeza las palabras exactas que me dijo en ese momento: "En el mundo somos más los buenos que los malos; no tenés por qué tener miedo." 



* Para vos Pá :) (Te mando un saludito orgulloso desde escenario de actito de jardín)
* Y para un gran escritor que me inspiró con su texto de Facebook sobre la Shoa, mi gran amigo Eze Steuermann. 
* Siempre es un gran día para querer a los que nos rodean. 

viernes, 21 de marzo de 2014

Metafísica al explícito 1

     A veces me gusta pensar que si las cosas que me pasan son una narración, la vida tendría que ser la narradora. Y la vida sería tan buena escritora, que cada hecho narrado entramaría algún mensaje que busque un efecto en mí: que me de algún aprendizaje, una duda, un cuestionamiento, que me cambie algo en la manera de pensar o actuar en mis próximas acciones.
     Después me doy cuenta que probablemente la vida no sea ninguna escritora, ni yo lectora o protagonista. Solamente soy una humana (una más del montón de comunes) a la que le hicieron la gran joda de darle la capacidad de razonar en un mundo lleno de cosas que pasan, de gente que me cruzo, de palabras y carteles, y más gente que pasa a mi lado y que me vuelvo a cruzar. Un mundo de "casualidades" o "causalidades" (que son la misma mierda que nos construimos con distinto nombre) lleno de vacíos fantásticos que ayudan a venderme la muy buena joda de que todo tiene un sentido que soy capaz de descifrar.
    Sigo dudando sobre si creerme la joda o andar cuestionando al autor (si hay autor).    

Prefiero quedarme así, dudando.



domingo, 23 de febrero de 2014

¡Pica Miranda!

     27,28,29...30! ¡Punto y coma el que no se escondió se embroma!
    Adentro de ese arbusto nunca la iban a encontrar. Ella podía verla a Naomi tratando de despegarse del álamo donde recién se apoyaba para contar, pero a su vez atraida por un campo magnético que no la dejaba lograrlo: aunque intentara, los ojos se le volvían temerosos a ese tronco, por el miedo a que alguno venga corriendo y "Pica Martín!". Sin embargo, a ella nadie la veía. Nunca la iban a encontrar.
    Miranda era experta en las escondidas. Apenas escuchaba el "1,2..." del chico o chica con la cabeza pegada al antebrazo sobre el álamo de siempre, ella ya tenía el mejor escondite a donde ir. Nada del tobogán, o atrás de algún árbol común y corriente. Los mejores lugares eran los impensados: Atrás de la viejita que leía una novela romántica sentada en el banco verde oscuro, o camuflada entre medio de una montaña de hojas marrones que el otoño había arrastrado al piso dejando pelados a los árboles. 
   Las escondidas tenían esa adrenalina de que del uno al treinta su cuerpo se tenía que convertir en el más confidencial de los secretos. Y cuando Miranda se volvía secreto, le salía una sonrisa traviesa por entre tanto arbusto y el corazón le golpeaba más rápido el pecho. Confiaba en sus escondites, pero cada tanto temía que venga alguno de atrás y salga corriendo al alamo y "Pica Miranda!" y chau a "Miranda la invisible", "Miranda el camaleón", chau a "¿cómo hacés Miranda?",  "¿Dónde estabas Miranda?", chau a los pica para todos los compax, la sonrisa traviesa, respirar agitado. Chau a Miranda secreto. Chau al secreto. Chau escondidas. Chau juego. 

jueves, 16 de enero de 2014

Disco de pensamientos

   El disco lo encontré entre cajas de cedes viejos y mucho, mucho polvo gris. La gráfica era simple: estaba dividido en siete partes formadas por seis líneas que iban desde el contorno hasta el agujero central. Cada parte era de un color distinto del arco iris. Pensé: o era de Adriana, o de algún psicodélico hippie; así que para sacarme la duda lo pongo en el estéreo .
   Será por que ya me aprisionó este mundo de imágenes veloces que decidí no prestarle atención al sonido que salía de ahí. Miré solamente el movimiento del disco que gira sobre su propio eje empujado por un envión que no se de donde viene ni cuándo frena. Los colores corren una carrera sin meta, se deslizan por una pista enjabonada que no roza, esquían en manteca derretida. Como pensamientos corren y no paran.  El rojo al naranja, el naranja al amarillo, uno persigue la cola del otro, buscando alcanzarlo pero nunca dejando de deslizarse, siguiendo un ritmo fuera de mi control, atravesando mares, llanuras y montañas, pero nunca teniendo intención de frenar, de chocarse con un paredón, de... Uy! Blanco. 







* Sí, tiene que ver con éste de pelo gracioso. 




Sí, es Isaac Newton. (La física es un lindo cuentito a veces)

jueves, 2 de enero de 2014

Filosofía de la paja

  Qué paja. Qué paja estar en mi cama tirada sin hacer nada, pero qué paja a su vez hacer algo. Leer este libro que es una paja me da paja. Pero paja mirar la tele porque la tele te hace pensar menos y paja bañarme y vestirme o practicar guitarra... Que histérica que sos, paja. 
  Una paja todo esto porque si sigo acá tirada no estoy siendo productiva, estoy gastando mi tiempo en algo que no sirve en vez de pensar un proyecto para mi futuro (porque alta paja ponerse a pensar un proyecto, y armarlo y todo). Paja eso, paja después no tener futuro por no haber pensado nada en este momento solo porque me da paja.
  Igual, ¿la paja es mi culpa? ¿O es el sistema el que me da paja y el que me hace sentir culpable porque todo me de paja? Al fin y al cabo la paja no es tan mala, bah, no se, algún científico debe haber dicho que fomenta la creatividad o ayuda a tener menos estrés, así para justificar un poco todo como a ellos les gusta. Así que la paja no es mala. O quizás sí, pero al pedo calfiicarla moralmente, la paja es, la paja abunda, la paja chorrea, solo espero que en algún momento se vaya de mí o que yo la saque sola pero bueno, ya seguir escribiendo sobre esto me da paj