domingo, 29 de noviembre de 2015

Turn down for what.

De los círculos viciosos que conozco (no son muchos, pero bueno), tengo un favoritismo porque la realidad sea relato y su respectiva viceversa.
En los últimos días estuve masticando una anécdota. La mastiqué tanto que fue perdiendo el gusto, se fue machucando. Se perdía la oratoria interesada, ya se volvía repetitiva, y hasta llegué al punto de enfrentarme a los tan valorados pero incomodantes "ya me la contaste".
Por acto de resistencia, por respeto al absurdo, y en tiempos en los que tanta biografía fue resurgiendo y recreándose, le quiero poner un marquito a esta parte de la mía:
Volví a las 12. Ese día habíamos tenido una conferencia con una intelectual primermundista que respetaba mucho su personaje: Con vestido negro y anteojos, leía su clase sobre Beckett en inglés y cada tanto metía algún chiste culto que no llegué a cazar. Yo observaba la situación, escribía poquito, me reía internamente de cómo la gente respeta sus personajes. Los catedráticos asentían, se fascinaban, sonreían, evidentemente entendían los chistes y fotografiaban.
Llegué a casa, comí, ritualmente fui a la compu, abrí el Facebook, y me puse a ver las fotos de la conferencia, que había subido la cátedra: Foto de los profesores con la yankee, foto de la yankee con la señora que tradujo a la yankee, hasta que ahí me encontré como un Wally, mirando de frente con sweter rojo. Flechita derecha, próxima foto, y volví a ver el sweter rojo radiante, imposible de pasar desapercibido, pero esta vez, apoyada en el respaldo del pupitre, yo miraba hacia el pizarrón con la cámara enfocándome desde atrás.
Según orden de aparición de los elementos de la foto en mi vista: primero, mi pelo, luego el sweter rojo, parte de mi espalda y, finalmente, más abajo, entre mi pantalón y mi espalda, una pequeña rayita negra, a la cuál, en mi mente, ya le había mutado una manito negra que me saludaba como reina de Holanda. 
Me reí. Es una foto nomás, casi ni se ve. La volví a mirar. Bueno, sí, un poco se ve. ¿Cuánta gente hay en la cátedra? Y, bastante. ¿Cuánta gente puede estar haciendo lo mismo que yo en este momento?

(Pantalla negra) 

Siguiente fotograma: Llantos, sollozos, crisis, relámpagos, pararrayos, explosiones de bomba nuclear, toros españoles que corren en San Fermín, grito de Psicosis,  e  imagínese entre medio de cada cuadro la imagen retratada anteriormente con un zoom cada vez más cerca del blanco (si se comprende cuál es el blanco).










martes, 18 de agosto de 2015

Metáforas reciclables 1: El rompecabezas deslizador

  El rompecabezas deslizador es ese juego que nadie nombraría rompecabezas porque, al igual que con tantas otras palabras, al escuchar "rompecabezas", el imaginario colectivo (o colectivo estadístico) nos dibuja una imagen de una caja con fichas planas y desordenadas, que tienen pancitas en algunos de los lados (Freud seguramente no las vería como inocentes "pancitas"), y en los lados despanzados, alguna tortuga se comió un pedacito. 
  Pero el rompecabezas deslizador es otro. Está formado por una base cuadrada o rectangular, sobre la que se apoyan fichas también excelianas. Para construir el rompecabezas, hay que deslizar las fichas. Para deslizar las fichas tiene que haber un espacio vacío. Ese lugar vacío tiene el mismo área que una ficha. 
   En un principio, no puedo observar ninguna figura: los contornos dibujados sobre cada pieza no siguen una dirección puntual, se chocan con espacios en blanco de las fichas vecinas. Muevo una al espacio vacío, se vacía otro. Repito la acción: lleno vacíos, vacío llenos. Empiezo a ver partes, una cara, una mano, ¿dejarlo así? ¿será algún cuadro de Picasso?
   Moverlas rápido es peor, los movimientos corren sin sentido, la imagen se empeora, no sigue una orden, no se organiza, hay que ser lógica (¿sustantivo o adjetivo?), usar el ingenio, lograr adaptarse lentamente, que todo se vaya armonizando poco a poco hasta formar la totalidad. Subo, bajo, corro, despejo pero pejo a la vez. Se va asociando todo, un par de ojos paralelos, una boca abajo de una nariz, un mentón por encima de un cuello, el rostro de una mujer a la que le implantaron una sonrisa de esas que expresan ganas de hacer caca. Y por debajo, la frase sintetizadora: "Colgate".  
   Me mira, me sonríe, me dice: "Completaste la imagen, capa, acá me tenés". Pero mi foco está en otro lado: La mirada provocativa no es la de la señora de dientes lustrados, sino la de ese cuadradito vacío. El vacío inabarcable que con voz grave y paulatina me dice: "Intentá atraparme, si podés". 




domingo, 14 de junio de 2015

(In)estable

   Se anuncia un tiempo inestable. Sí, señora, usted que está acostumbrada al conocidísimo "clima normal y estable", hoy, debido a cambios en la presión y la humedad, probablemente verá que las nubes vuelan más rápido. Es posible que note que cada tanto interceptan el sol provocando las famosas "sombras arrepentidas", y que si chocan entre ellas caerán esas gotas finitas que se confunden con el chivo de sus axilas. En cuanto a la temperatura, la amplitud térmica será alta, comenzando la mañana con unos 3 grados, y llegando a una máxima de 19 a eso de las tres de la tarde. 
     Así que protéjase bien, señora, que esto probablemente afecte su constitución como ser humano. Un cambio como éste no permite que usted sea estable, ¿comprende, señora? La estabilidad pasa por otro lado, pasa por la monotonidad, por la previsibilidad. El mañana ya debe estar dibujado, los días ser un disco rayado (o un loop, si la metáfora le parece desactualizada), las mesas deben sostenerse, la cena debe estar lista a las 22:00, todo debe estar en ese existente equilibrio que hace la estabilidad. 
   Porque para que algo pueda estar, que sea estable, debe haber estabilidad; usted entiende, señora. Si un día falta al trabajo, o si de pronto se levanta siendo un insecto, o si comiendo un pancho observa en cámara lenta el momento en el que una gota de mostaza hace caída libre hasta posarse sobre su camisa blanca, ¿qué se hace señora? ¿qué hace usted con esa maldita gota de mostaza?
   Eso no es estabilidad. La estabilidad es otra cosa. Es la simetría, es la organización, es el mundo clasificado en un enorme archivo de Excel. Pero, ojo, si alguna situación no encaja entre sus celdas, eso no puede estar. Tenga mucho cuidado señora, protéjase, que eso es inestable. 


domingo, 7 de junio de 2015

Carta romántica de amor

Te perdí de un día para el otro. 
Un día desperté, miré a mi lado, y ya no estabas.
Me resultó raro, no me dejaste ni una carta explicándome, ni una llamada perdida, ni un mensajito de Whatsapp. 
Ahora, extraño cada parte tuya. 
Tu contención, siempre ahí para apoyarme, para aconsejarme qué hacer, decirme qué camino seguir, qué leer. 
Tu apertura, nunca te faltaba espacio para escucharme, tenías el lugar justo para que te diga mis cosas importantes. 
Tu capacidad de organizarme tanto y a la vez dejarme ser creativa, más para el final. 
Ay! Y esas sonrisas que me causabas en verano, y los nervios que me dabas cuando estabas llenísima.

Te extraño.
Extraño tus renglones, tu anillado negro, tu número indicando cada hora de mi día,tu tapa dibujada de forma tan hermosa. 
Extraño cada hoja que te conformaba, 
cada día de tu calendario, 
cada libro para no olvidarme, 
cada anotación que recordaba un cumpleaños. 
Carajo, Agenda, cómo te extraño. No se donde mierda te perdí. Ya hice memoria 50000 veces, pregunté en todo lugar de esta ciudad, y no estás en ningún lado. Volvé, te lo ruego. Devolveme ese medio año que me arrancaron de mi vida.



domingo, 31 de mayo de 2015

Bienentendido 1.

-El mejor tema de Charly García, y te lo digo yo, es No me dejan salir.
-A mi no me gusta tanto, voy más por Boletos, pases y abonos, de La Maquina de Hacer Pájaros.
-¿No te dejan salir del país?
-¿Por qué no me dejarían salir del país?
-No tenés boleto. 
-No, no, estábamos hablando de la canción de Charly.
-La de La Máquina de Hacer Pájaros.
-¿Qué canción de Charly se llama así? ¿En qué disco está?
-No es la canción, es la banda.
-Y el disco.
-Bueno, sí, la banda y el disco.
-¿Hablan del que lo operaron de hernia de disco?
-¿Qué? ¿A quién operaron de hernia de disco?
-Al pibe ese, que iba al club.
-¿Carlos?
-Sí sí, el que jugaba al tenis, ayer lo operaron, no lo dejan salir del hospital hasta fin de mes.
-¡Ah! ¿Y lo vas a visitar?
-¿A quién?
-A Charly.
-¿Charly García? 
-¡Che, miren! Justo están dando Charly y la fábrica de chocolate.
-¡¡No!! ¡Qué peliculón!
-¿Esa película tiene música de Charly?
-¿De qué Charly?
-Charlie Chaplin.
-Pero Charlie Chaplin no componía.
-¿No componía?
-Ah, no, decía el otro Charly.
-¿García?
-No no, Charly Depp.
-Es Johnny Depp.
-Pero ese es actor, no músico.
-Pará, Willy Wonka es Johnny Depp?
-No, Charly García es Willy Wonka.
-¿Johnny Depp es Charly García? ¿Tiene una máquina de chocolate?
-Johnny Depp tenía una fábrica de hacer pájaros.
-¡Ahhh, con máquinas!
-Sí maquinas de hacer pájaros, chocolates, oompaloompas...
-¡Ah, genial! Como mi abuela...
-Claro, la mía también tiene una maquina de oompaloompas.
-Qué copadas, a la mía le gustan los tractores. 

domingo, 10 de mayo de 2015

Reflejo

    Después del tren, de la mucha gente en Retiro caminando mirando sus relojes, del C con asientos de un terciopelo gastado, se llega al A de la locutora entusiasta. Y cuando son las 10:30 de la mañana el A está vacío. Los caños para agarrarse parecen para pole dance. 
    Locutora entusiasta anuncia que estamos en Estación Congreso. Se repelen las puertas, entran algunas personas y entre ellas un señor de unos 70 años que se sienta en frente mío. Tiene unas bermudas grises, medias también grises (que le llegan hasta por debajo de las rodillas) y unos mocasines marrones. Está leyendo, yo también. Pienso: ¿Qué pasaría si la persona que se sienta justo enfrente mío en el subte fuese mi reflejo? Levanto la mirada, él también. La vuelvo a bajar. La vuelvo a levantar, me sigue mirando, vuelvo al libro.
   Ahora decido mirarlo por bastante tiempo. Estiro mi cuello al mismo tiempo que él estira el suyo; me quedo observando sus ojos, su bigote gris, a la vez que el observa mis ojos, mi falta de bigote. Desprendo mi mano izquierda del libro y la empiezo a elevar haciendo una especie de saludo alienígena que él está haciendo exactamente de manera sincrónica. Me sonríe, porque yo le sonrío. Me gruñe, a la vez que yo gruño. Levanta las cejas que yo levanto. ¿Tendré 70 años y un bigote? ¿Qué pasaría si la persona que se sienta justo enfrente mío en el subte fuese mi reflejo?