viernes, 10 de febrero de 2017

No pienses en un elefante

   No te preocupes, olvidate: el amor va a llegar cuando menos te lo esperes. Es como cuando buscás la birome que no encontrás, y aparece tratando de encontrar el libro-que-te-dije-el-otro-día en esa caja de cartón llena de polvo. 
  Busco mi libro, me voy a la Biblioteca Nacional. Digo mi número de DNI en la entrada, subo por el ya conocido ascensor al sexto piso, encuentro un lugar cercano a la ventana, me siento. Miro. El río, los barcos, la facultad de derecho, el monumento moderno y espejado con forma de flor. Las escaleras que suben a una calle cortada, a una esquina europea intersectada por un edificio finito y triangular que parece de cartón. 
   Abro el libro, me quedan dos capítulos. Es una versión usada, está encuadernada a mano y tiene el título escrito en el lomo con marcador dorado. Capítulo 15: El primo de la protagonista la va a buscar a su casa. Le dice que suba al auto, que ya es tarde. Ella dice que si está seguro, si cree que es la decisión correcta. El responde que sí. Que los van a descubrir, que es cuestión de vida o muerte. Ella guarda los fajos de billetes que faltan y cierra el maletín. Se pone los lentes de sol, pasa sus brazos por el piloto negro y salen juntos por la puerta principal. Se acercan al auto y no quiero que termine, che. Miro el río, la enorme fuente de una plaza donde chicos y adultos juegan carreras de barcos a control remoto. Miro las mesas de la sala, miro qué leen las otras tres personas sentadas en la que estoy yo. La chica de anteojos resuelve ecuaciones kilométricas en un cuadernillo cuadriculado, el chico lee un libro con dibujos de células y las copia en otra hoja, el otro busca en sus apuntes alguna oración que no merezca ser resaltada. Todas las sillas están ocupadas, todos leen, toman mate, café, subrayan, miran por la ventana, leen. 
  Vuelvo a la hoja, a la sala, a la hoja, a las ecuaciones, la hoja, la mesa de en frente, el resaltador, la hoja, la mirada perdida, la hoja, la hoja. Suben al auto, ella empieza a manejar en dirección a la ruta. Le pide al acompañante que ponga algo en la radio. Sintoniza una radio que pasa música de los ochenta. Empieza a acelerar y los faroles de la ciudad son atravesados como un pantano por la velocidad del vehículo. Saben que no había otra salida, que probablemente en algún momento aparezca un auto detrás suyo, pero el rabillo de mi ojo está pendiente de la posible casualidad, de la fracción de tiempo donde todo se cruza, donde alguien se acerca. Ahora debería ser el momento indicado, ahora cuando estoy leyendo. Ahora cuando me olvido. 

domingo, 16 de octubre de 2016

La vida es

   Estás parada en una esquina de Parque Chas. Hace tres minutos sacaste de tu bolsillo un papelito arrugado que dice la dirección: una capital europea seguida de cuatro números. Hace tres minutos te lo quedaste mirando hasta que se hizo borrosa la letra y muy claros tus silogismos enredados. 
   Tus neuronas hacen sinapsis, el mar devuelve una llave a la orilla y de repente te acordaste de cómo ir. Te ponés los auriculares, empezás a caminar mirando al frente. Cada paso que das impulsa tu cuerpo como el momento en el que creías que en esa caída libre la hamaca iba a vencer al péndulo y dar una vuelta entera. 
   Doblás, volvés a doblar, agarrás Cádiz, caminás derecho por el camino curvo siguiendo el ritmo de la música, sin detenerte ni desacelerar. A medida que se va desnublando el destino, sentís la paz de la milésima que le sigue al final, del lápiz tachando la acción anotada en la agenda. Pero al acercarte un poco más, tus ojos empiezan a arder, tu cabeza solo escucha un beep similar al acople entre un micrófono y un parlante, que crece cada vez más, que tapa la cadena de razonamientos, de explicaciones que buscan procesar por qué el punto al que te estás acercando es esa misma esquina en la que hace cinco minutos estabas parada mirando un papelito arrugado con una dirección escrita en lápiz borroneado. 

viernes, 5 de agosto de 2016

Piña de verdad

Hay algo que parece habérseles escapado a los chicos y chicas que inventaron estas pantallitas del tamaño de nuestras manos, que antes de dormir nos iluminan la cara como cuando nos poníamos la linterna abajo de la pera para contar una historia de terror en los campamentos: En una sesión de scrollipnosis, me olvidé de observar que el dibujo del contorno de una pila (que aparece en la esquina superior derecha del rectangulo brilloso) estaba rellenado sólo con una línea roja vertical casi imperceptible. Cuando la cinta transportadora que deslizaba con mis dedos despareció, fue sorprendente lo que me devolvió esa pantalla apagada. 

domingo, 24 de julio de 2016

La noticia rebelde

“Maria Jesus, levántate mamita, que ya viene.” María Jesus se levanta, se acomoda la tanga roja de encaje, se pone unas calzas porque hace frío. Busca entre las perchas tautológicas un hábito para ese día, lo encuentra, se lo pone. Cuelga la tela que sirve para cubrir el pelo sobre su codo del brazo derecho y cruje la madera cuando se dirige hacia el espejo. Apoya la tela sobre su frente, se la acomoda con delicadeza. Con cuidado levanta el rosario que está apoyado sobre la cajonera, y se lo pasa por el cuello. Se mira, guiña un ojo, se tira un beso. Se queda parada. Se dice: “Vamos vieja, huevo que vos podés, hoy la rompés.” Hace un gesto como si disparara con los dedos índice y pulgar de ambas manos. Se coloca unos anteojos de sol y sale para la puerta con la llave del sótano, mientras canta una canción de Damas Gratis. 

viernes, 27 de mayo de 2016

A través del eje

El tiempo es abstracción, el tiempo es tema cliché, el tiempo paradoja de Zenón, el tiempo reloj, el tiempo aburrimiento, el tiempo es construido, el tiempo es eso que pasa cuando, el tiempo no existe, el tiempo es organización, el tiempo es lineal, el tiempo vale, el tiempo de tres cuatros, tiempo binario, tiempo ternario, tiempo argentino, el tiempo de crecer, el tiempo es presente, el tiempo es pasado, el tiempo es memoria, el tiempo de lectura, tiempo de enunciación, el tiempo de hacer eso que te gusta, el tiempo vuela, el tiempo es dinero, el tiempo lo va a resolver, el tiempo erosiona, el tiempo de la información, el tiempo está soleado, el tiempo de seleccionar, el tiempo de hoy en día, el tiempo heterogéneo,
hace tiempo,
hace mucho tiempo. 







Fin del espacio filosófico:




domingo, 17 de abril de 2016

La concha de la lora

Cinco palabras. El núcleo y sus modificadores. La vagina de la hembra del  "papagayo, ave, y más particularmente el que tiene plumaje con fondo rojo".
¿Dónde está el significado? 
En el chofer del bondi que cambia sus facciones bruscamente cuando se dirige al conductor del auto que se cruzó por adelante. 
En  un anónimo peatón que gesticula levantándole el dedo medio  al taxista que no le dio paso. 
En ese pobre chabón que después de sentir un olor miró la materia fecal en su zapatilla, la piba que vio en cámara lenta cómo el lado untado de la tostada se transaba al mosaico del piso.
En el señor que al salir de la húmeda oscuridad de la frazada vió que 3 horas antes había sonado la alarma.
La vieja que se quemó después de succionar con fuerza la bombilla del mate.
Los ojos que se despegaron de la pantalla cuando el contrincante hizo un gol a último momento.
Todos esos instantes en los que una imagen fugaz se evocó en nuestra cabeza: Nosotros con un bate pegándole a una almohada, rompiendo un vidrio, degollando patitos de hule (con fuentes de sangre saliendo de sus cuellos de por medio). 
Nosotros frente a un muro que nos impide avanzar, que hace de la perspectiva series de ladrillos y capas de cemento que tapan la vista y la respiración.                  
Nos abrochamos las cuerdas del casco por debajo de la pera, prendemos un fósforo, encendemos la mecha, nos metemos adentro del cañón y salimos disparados después de gritar, violentando esta sociedad de eufemismos represores: LA RECONCHA DE LA LORA. 



miércoles, 16 de marzo de 2016

Dulces sueños

"Sentate acá". Las paredes del pasillo empiezan a correr hacia mí. Abre una puerta de vidrio esmerilado. Hay mucha gente, todos con con cofias y ambos violetas y rojos, todos saludándome al mismo tiempo muy amablemente. Algunos a un costado charlando entre ellos. Me quiero acostar, pero me dice que espere. Al mismo tiempo el otro dice que no hay problema con que tenga un aro que no me puedo sacar. "Listo, acostate, te voy a hacer un par de preguntas protocolares que me tenés que responder":
¿Cómo te llamas?
Laila
¿Cuántos años tenés? ("Te voy a tomar la presión en este brazo, a ver corrémelo un poquito")
Estem.. 20
¿De qué te operás?
El oído. ("A ver, abrime y cerrame la manito")
¿Sabés exactamente qué te van a colocar?
Un diábolo.
Muy bien, perfecto.

La chica rubia de la derecha me dice "Muy bien, este es el único pinchazo que vas a sentir, tranquila, abrime y cerrame la mano izquierda ahora...Peerfecto, ahora respira hondo."
Siento la jeringa que entra por el empeine de la mano. La chica rubia se pone atrás mío, y me empieza a acariciar el pelo. "Puede arder un poco" dice.
A mi derecha, colgados en un palo metálico,  hay tres recipientes con líquido transparente, uno arriba del otro, etiquetados por un cartel blanco. A mi frente, el señor que me tomó la presión, presionando lentamente una jeringa. "Puede arder un poquito" dice. La altura del líquido desciende en los recipientes. Los dedos juegan con el pelo. Mi mano en posición de acorde de piano empieza a arder. Siento un frío que atraviesa ese cachito de carne, una corriente veloz se entremezcla en la carrera de sangre que corre por la cloaca interna. A mi derecha, los mismos tres recipientes colgados de un palo metálico. El cartel blanco... el cartel blanco no dice "Anestesia".
El cartel blanco dice "Realidad".












PD: Y después de todo suena esto, sí o si: https://vimeo.com/85107453