Ya lo vi venir. Debe haber surgido entre mi piel y los huesos de la cara. Se escabulló y empezó a empujar para afuera. Entonces acaricié mi mejilla y ahí lo sentí: Una pequeña pelota que no se veía pero que estaba ahí adentro, dura, molestando.
Y es intolerable. Porque no la puedo explotar o sacarla. Solo me queda esperar a que siga empujando hasta salir hacia afuera y que cuando me mire al espejo piense "Uy, hola granito".
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