jueves, 10 de enero de 2013

Ciclo de vida

    El camino era bastante oscuro. Las copas de los inmensos árboles filtraban los rayos del sol y los hacía casi tan finitos que su luz no llegaba a tocar el suelo. Cada paso que daba tenía que ser calculado con exactitud, un paso en falso podía hacer que se resbalara y cayera adentro de todo ese barro tapado de hojas y ramas. Así caminaba, paranoica, buscando el lugar correcto para pisar. Era difícil caminar por ese bosque. El terreno se inclinaba y luego bajaba, nunca estaba estable. 
   Pasó por entre medio de ramas y árboles. Cruzó todo ese lodo, toda esa bosta de animales desconocidos, todo eso que complicaba el camino. Hasta que por entre medio de un coctel de ramas y hojas sus ojos pudieron percibir una mancha gris. Siguió atravesando esa vegetación que la abarcaba por todos lados y por fin pudo encontrar esa  larga calle de asfalto. La pisó. Arrastró sus pies hacia atrás, y sintió como esa textura áspera separaba la mezcla marrón de barro, ramas, y quién sabe que más, de la suela. Por fin ahora podía sentir que sus zapatillas se aferraban a ese piso, sin tener el riesgo de resbalarse en cualquier momento. 
    Caminando se dio cuenta que el asfalto tenía una leve inclinación hacia arriba, de esas que no molestan, que son casi imperceptibles. Miraba a su alrededor y disfrutaba de ese terreno liso y suave. Se sentía feliz, nada la molestaba ni la interrumpía. Entonces abrió sus fosas nasales y dejó que todo ese aire puro entrara a su cuerpo. Dio vuelta su cabeza para mirar hacia atrás y vio ese molesto bosque.  No lo quería ver, rápidamente giró su cabeza hacia el fren... La nariz le sangraba,  el pelo le volaba para arriba. No sabía que hacer con sus manos, primero se abrazó, después las dejo volar como su pelo. No había nada más que hacer, solamente dejarse caer en ese precipicio. 

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