sábado, 5 de enero de 2013

Mañanas cotidianas

Lentamente abre los ojos. El negro empieza a tomar la segunda dimensión y luego la tercera. Reconoce su techo, su ropa desparramada sobre ese lujoso sillón, su acolchado de seda con caricaturas del gallo Claudio. Pestañea intentando adaptarse a esa habitación apenas iluminada por un rayo de sol que sale desde esa maldita endija inarreglable de su persiana. La quinta sinfonía de Beethoven se repite por segunda vez pero lo alarma tanto como la primera. Aprieta el gatillo y el despertador deja de sonar. Por debajo de ese grueso bigote una pequeña sonrisa de orgullo intenta esbozarse. Recién ha batido un récord: el radio reloj duró cinco mañanas.
Mira su mesa de luz: el atado de cigarrillos, su anotador con una lista titulada "vendetta" que contiene 5 nombres escritos, y su bolígrafo de oro donde en un fino bajorrelieve se ve tallado un dibujo de Mickey Mouse luciendo un sombrero de shérif.Con mucho esfuerzo logra llegar al interruptor que prende el velador.
Levanta cada hueso de su columna, se sienta y rota para el costado de su cama. Sus pantuflas blancas y peludas de las que sobresalen la cara de un tierno conejo lo están esperando. Sus pies se ubican en ese suave contenedor y ayudan a las piernas a poder hacer que ese enorme cuerpo se levanté y se pare.
Agarra un cigarro de su atado aunque sabe que quiere dejar de fumar y sacando un encendedor del bolsillo izquierdo de su piyama lo prende. Mete su mano libre en su bolsillo derecho y siente el metal frío, las curvas, el agujero, el gatillo. La toca, primero con la mano para apreciarla en su totalidad, luego con el dedo índice para notar los pequeños detalles. La acaricia suavemente y esta vez sí muestra una gran sonrisa: "hoy va a ser un gran día".

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